“La pérdida de la palabra escrita”

 

Una biblioteca antigua creada en un pequeño atrio, similar a los claustros de los monasterios, con el objetivo de concentrar y guardar el saber humano. Un lugar atemporal que cobija el conocimiento atesorado a través de los siglos. Los libros representan un medio para difundir nuevos descubrimientos, historias y pensamientos. Son capaces de transmitir ideas a través de la palabra escrita para que no se pierda en el olvido.

“La pérdida de la palabra escrita”, 2017. (116 x 73 cm)

 

Pero todo es efímero, la fragilidad que es innata al ser humano, también lo es a su obra.

Me llama poderosamente la atención las creaciones del ser humano que se destruyen por el paso del tiempo, ya sea un edificio abandonado, una vía de tren muerta o un libro roto. Todo tiene un final. Pero ese final no siempre es agónico porque las ruinas muestran una extraña belleza.

Es una sensación contradictoria entre una profunda admiración por esa belleza y una gran tristeza por su destrucción.

La pérdida de la palabra escrita es un concepto que, en este momento histórico, puede parecer imposible debido al exceso de información que existe gracias a los almacenamientos digitales. Parece que no se pueden perder los conocimientos. Pero hemos perdido algo más importante como es el apreciar, en la textura del papel, todos los esfuerzos que ha hecho el hombre para transmitir el conocimiento, desde aquellos primeros escribas que, con su puño y letra, copiaban los libros para que no se perdieran. Me imagino caminando dentro de mi propio cuadro, cruzando el atrio para alcanzar los libros que se derrumban en las estanterías del fondo, mientras imagino a los antiguos escribas acariciando la cubierta de un libro mientras lo depositaban en su lugar.

El conocimiento jamás debería perderse.

 

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Iván Aivazovsky: “El mar es mi vida”

 

Una de las características más bellas del mar es que nunca es igual. Es una misteriosa, vasta y solitaria masa de agua que cambia con cada luz, con cada viento. Podemos contemplarlo con un color azul intenso en un día de verano o de un gris difuminado en un día de lluvia. En ocasiones refleja la luz de la luna de forma tan suave que la superficie parece de plata. De igual forma el reflejo del sol al atardecer sobre sus aguas las transforma en oro. Desde la costa lo percibimos siempre diferente pero en alta mar es aún más cambiante.

“Venecia de noche”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Laguna de Venecia por la noche”

Iván Aivazovsky siempre estuvo enamorado del mar. Sus pinturas nos mostraron el océano en todas sus variantes posibles. Desde un mar en calma frente a la costa, hasta un mar embravecido en mitad de una tormenta. Desde la serenidad de una playa por la noche a la desesperación de una batalla en alta mar.

“Vista de Constantinopla”, 1846

“Contrabandistas”, 1884

Aivazovsky nació en Feodosia (Crimea, 1817) pero era de origen armenio y procedía de una familia muy humilde. Fue un artista que subió a lo más alto en el mundo del arte. Fue reconocido como uno de los más grandes artistas de su tiempo y recorrió medio mundo mostrando su obra y recibiendo los más altos honores y reconocimientos. Como ejemplo fue el único representarse del arte ruso que, en su tiempo, participó en la Exposición Internacional organizada en el Louvre, siendo el primer artista extranjero en convertirse en un Caballero de la Legión de Honor. Asimismo, una de sus obras fue adquirida por el papa Gregorio XVI para formar parte de la colección permanente del Vaticano.  A pesar de ello nunca olvidó sus orígenes y utilizó parte de su fortuna en obras sociales a favor del pueblo armenio, su pueblo.

Poco conocido es el hecho de que no tenía interés especial en mostrar su obra, pero sabía que era muy cotizada y él necesitaba grandes cantidades de dinero para realizar sus  labores sociales, tales como construir escuelas, edificar iglesias, fundar una escuela de arte o colaborar en el desarrollo del ferrocarril.

Nació al lado del mar y toda su vida estuvo vinculado a el. En la época de Aivazovsky la Armada Rusa era muy poderosa. El pintor acompañó al ejército en numerosas maniobras navales durante gran parte de su vida.  En estas experiencias pudo contemplar el mar en unas circunstancias poco habituales. Fue testigo de entrenamientos para batallas pero también de enfrentamientos reales como la Guerra de Crimea (1853-1856) donde pintó escenas de batalla en la sitiada fortaleza de Sebastopol. En 1844 fue nombrado el artista oficial de la Armada Rusa para pintar paisajes marinos, escenas costeras y batallas navales.

“Batalla de Chesmensky”, 1848

“La batalla de Navarion”, 1846

Su forma de trabajo consistía en pintar sus cuadros directamente en el lienzo sin ningún boceto previo. Aplicaba sucesivas veladuras consiguiendo una gran transparencia en el agua y en el cielo. La memoria de Aivazovsky era prodigiosa ya que nunca realizó sus cuadros contemplando el mar. Rogachevsky escribió: “su memoria artística era legendaria, fue capaz de reproducir lo que había visto solo por muy poco tiempo, sin siquiera dibujar bocetos preliminares”.

Entre toda su extensa obra (6.000 pinturas catalogadas), llama la atención los numerosos cuadros en los que describe las vicisitudes de náufragos. Quizás se deba al hecho de que él mismo tuvo una experiencia como tal y le preocupaba sobremanera la suerte que corrían aquellos que se perdían en el mar, así como le gustaba representar una esperanza a través de luces que se abren entre las nubes. Una de estas obras, “La novena ola”, está considerada como el cuadro más bonito de Rusia.

“La novena ola”, 1850

 

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“Paisaje marino nocturno con naufragio”, 1863

“Vista del mar a la luz de la luna”, 1875

No sólo fue un gran artista, fue un hombre excepcional que demostró su amor por su tierra, por su gente y por su mar. Un hombre que se mantuvo fiel a si mismo durante toda su vida, a su forma de pintar y a su forma de expresarse con la pintura. En una etapa de su vida fue criticado por no querer evolucionar a las corrientes artísticas nuevas de su época que abandonaban el concepto del Romanticismo por el Realismo.

Iván Aivazovsky pintaba lo que amaba, lo que sentía, las experiencias que vivía.

Reflejó su alma en el mar que pintaba.

 

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Bibliografía:

Kendall Miccoli, “Aivazovsky: Paintings” (2015)

Esperanza Guillén, “Naufragios: imágenes románticas de la desesperación”  (2004)

Enlaces de interés:

Catálogo donde se pueden contemplar 700 obras:

http://www.art-catalog.ru/gallery.php?id_psort=2&id_pview=2&count_pic=-1&id_artist=10

Biografía escrita por Shaen Hachatryan:

http://www.tanais.info/art/en/aivazovskyab.html

Proyecto interactivo realizado con el motivo del segundo centenario de su nacimiento:

https://www.behance.net/gallery/48366003/Ivan-Aivazovsky-Anniversary-concept

István Sándorfi: Cuando la fuente de inspiración es uno mismo

“Si bien es cierto que un artista y su obra son evidentemente indisociables, sería un error pensar que István era el reflejo de sus pinturas: perverso, violento, egocéntrico, asocial. Era todo lo que su obra no era.” (Ange Sándorfi)

La pintura, como cualquier otra manifestación artística, es una forma que tiene el artista de expresarse y sacar a la luz su mundo interior. En el caso de István Sándorfi, esa forma de expresión era llevada al límite definiendo y condicionando toda su vida.

De entre todo su magnífico legado, no he sido capaz de escoger una única obra con la que mostrar, como he hecho con otros autores, sus fuentes de inspiración. Su inspiración eran sus propios sentimientos y no puedo limitarme a mostrar una sola obra.

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“Les palettes d’oxymel”, 1997-1998

 

A István no le gustaba que le definiesen como un pintor hiperrealista, en realidad, negaba cualquier encasillamiento de su obra: “No tengo el menor interés por las clasificaciones que intentan meter a los artistas en compartimentos o, mejor, en ataúdes, para enterrarlos en un cementerio de referencias, de forma que la gente tenga la impresión de que así conoce la historia de la pintura. La pintura no es una cuestión de conocimientos, sino de sensibilidad, y eso no se enseña ni se aprende.”

Una característica de sus pinturas es que, en  la práctica totalidad de sus cuadros, aparecen partes de los cuerpos desdibujadas, borradas de forma intencionada o incluso ausentes. Respecto a este tema él afirmaba: “Es una forma de mostrar que pinto el espíritu, no el rostro.  El rostro es solo una herramienta a través de la cual puedo expresarme. Yo siempre expreso lo mismo: a mí mismo. El tema es  un pretexto, una excusa. El espíritu y los sentimientos no pueden pintarse o expresarse. Son conceptos abstractos. Necesito un vehículo que pueda utilizar para mostrar mi espíritu. La deformación se  utiliza normalmente cuando no eres capaz de expresarte completamente a través del realismo, ese es el motivo de la distorsión”.

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“Scène d’intèrieur- Le pardon”, 1987

 

Cuando en una entrevista le preguntaron cómo surgía una idea en su mente para plasmarla en el lienzo,  István respondió: “No hay ideas, no me gusta la palabra ‘idea’, después de todo, siempre pinto lo mismo”.

En su primera etapa, y durante quince años, István representó exclusivamente su propia imagen. Distintas posiciones y expresiones muy forzadas, su cuerpo fragmentado, obras muy agresivas e inquietantes. Solo se pintaba a sí mismo, él era su único modelo, acción que llevó a que le clasificaran  como un autor narcisista y sadomasoquista. Una calificación que le hirió profundamente porque su intención no era recrearse en su propio cuerpo, él pretendía expresar sus sentimientos, sus emociones, sus sentimientos. “Pinto el espíritu, mi propio espíritu”.

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“Sweet home”, 1985

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“Mi cuerpo era una herramienta para expresar una individualidad, no a mí mismo sino a la individualidad de cada ser. Fue un malentendido muy doloroso. Después de eso solo he pintado a mujeres. No pinto mujeres porque me parezcan bellas, aunque sí me lo parecen, sólo utilizo modelos femeninos para no crear pinturas crueles porque conducen, o al menos pueden conducir, a malentendidos”.

Aunque no le gustaban los tópicos lo cierto es que incansablemente repetía ciertos temas e iconos en su obra. Pero él transformaba estos elementos otorgándoles un nuevo significado. Por ejemplo, si pintaba unas gafas, cubría los cristales con una capa de pintura opaca con lo que las gafas tradicionales perdían su función convirtiéndose en una metáfora.

 

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“Le silence d’Adele”

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“Yeux Safi”

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“Angelus Nepharene”

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“Madeleine”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llama la atención elementos comunes en sus cuadros,  además de la representación insistente de su propio cuerpo,  múltiples retratos femeninos cuya característica común es envolver sus cuerpos con una “capa”, como él definía a las telas que utilizaba, para que no reflejase ninguna época concreta, para que fuesen seres atemporales.

Otros elementos característicos de su obra son la representación de  sus “herramientas” para la creación; caballetes, su paleta, pinceles, el reverso de sus lienzos  y, sobre todo,  la pintura material con la cual “mancha” a sus modelos.

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“Alizarine”, 1994

 

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“Hommage á Nepharene”, 1993

Él fue su propia fuente de inspiración… Si bien todos los artistas expresamos nuestro mundo interior, solemos inspirarnos también en el mundo exterior, en nuestras vivencias, en nuestras impresiones sobre el mundo que nos rodea. Algunos autores vuelven sus ojos hacia la historia,  la religión o la mitología.  Otros  beben de la literatura o de la naturaleza, pero  István solo tenía que encerrarse en su estudio y extraer su inspiración desde su propio yo interior.

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“Pascalange”, 1997-2004

 

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Bibliografía:

  • “István Sandorfi, la pintura nunca muere”. Catálogo de la exposición realizada en el Museu Europeu d’ Art Modern (MEAM). Barcelona, septiembre de 2016. Ediciones de la Fundación de las Artes y los Artistas.
  • Entrevista realizada por la galería “Kálmán Makláry Fine Arts” en 2006. https://www.youtube.com/watch?v=xzx4jpAhAcw                                    https://www.youtube.com/watch?v=uF9EVeADKDo

 

 

“Sorrow” (tristeza) de Vincent Van Gogh

¨Painted with words” (“Pintado con palabras” 2010, BBC, protagonizado por Benedict Cumberbatch) es un docudrama inglés que narra la vida de Vincent Van Gogh a través de las cartas que le envió a su hermano Theo. No conozco mucho la obra de Van Gogh, reconozco que no está entre mis pintores favoritos, pero en el documental mostraron la imagen de un dibujo que Vincent realizó cuando tenía 29 años: “Sorrow”

Aparece el retrato de una mujer mayor en una posición de absoluto abandono, desesperación y cansancio.

El hecho de que se tratase de un desnudo de una anciana me sorprendió porque pocos artistas muestran la “decadencia”, se suelen retratar cuerpos jóvenes plenos de vida y belleza..

Sorrow

“Sorrow”

En realidad la modelo no era una anciana, contaba solo con 32 años, pero su demacrado cuerpo indicaba las penurias que sufrió en su vida. Su nombre era Clasina Hoornik, llamada Sien. Era una prostituta que Vincent encontró sola, abandonada, embarazada y desesperada. Una mujer a la que acogió, cuido y de la que se enamoró. Vivió con ella y con sus dos hijos unos 20 meses. La retrató en numerosas ocasiones.

Van Gogh realizó varias versiones de este dibujo, en la actualidad se conservan dos. Estaba muy orgulloso de él, como puede comprobarse en la carta que escribió a su hermano el 10 de abril de 1882:

“Querido Theo,

Hoy te he enviado un dibujo con el que quiero  mostrarte mi gratitud por todo lo que has hecho por mí durante lo que de otro modo habría sido un invierno duro. El verano pasado, cuando me enseñaste la xilografía de Millet “La Pastora”, pensé: ¡Cuánto se puede hacer con una sola línea!. Por supuesto, no pretendo ser capaz de expresar tanto como Millet con un único contorno. Pero he tratado de poner un poco de sentimiento en esta figura. Sólo espero que este dibujo te plazca.

Y al mismo tiempo  puedes ver que estoy trabajando duro. Ahora que he empezado, me gustaría hacer una treintena de estudios de desnudos.

En mi opinión, este dibujo es la mejor figura que he dibujado hasta ahora, por eso pensé que debía enviártela. (…). Debes saber que utilicé dos capas de papel e intenté marcar el contorno de forma adecuada. Cuando levanté el papel había quedado muy bien impreso en las hojas inferiores y los acabé inmediatamente siendo muy fiel a la idea original. De hecho este es incluso más fresco que el original. Los otros dos los guardo para mí.”

Dos cosas inspiraron a Van Gogh para este dibujo. En primer lugar la sensación de soledad que le transmitía Sien, como él mismo escribió al pie del dibujo, utilizando una frase de “La Femme” (1860, Jules Michelet): ¿Cómo es posible que haya sobre esta tierra una mujer tan sola y desamparada?

En segundo lugar Vincent se inspiró en un dibujo de Charles Bargue. Dicho dibujo era una lámina que se utilizó en un curso de dibujo al que Van Gogh asistió en 1871. (lámina 24)

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Dibujo de Charles Bargue

Posteriormente Van Gogh dibujó otra versión más elaborada (que no se conserva)  según se puede comprobar en otra carta a Theo escrita el 1 de mayo de 1882.

“He terminado los dos dibujos. El primero de ellos “sorrow”. He utilizado un formato más grande donde  la figura aparece sola, sin nada alrededor. Aunque la posición está algo alterada, el pelo no le cae por la espalda sino por la frente, y parte de él en una trenza. Aquí se ve el hombro, el cuello y la espalda. Y la figura está dibujada con más cuidado.  El otro, ‘Raíces’, son raíces de árboles  que he tratado de imbuir el paisaje con el mismo sentimiento que la figura. Las raíces están fuertemente  enraizadas  en la tierra, y sin embargo están medio rotas por la tormenta. Quería expresar la lucha por  la vida tanto en esa figura blanca, esbelta y femenina, como en esas raíces nudosas de color negro. O más bien porque he intentado, sin filosofar, ser fiel a la naturaleza que tenía delante de mí, algo de esa gran lucha llegó a los dos casi sin darse cuenta…”

Nunca me llamó la atención del trabajo de Van Gogh pero ahora lo veo de otra forma, el leer sobre su vida y su trabajo cambia la perspectiva.

El dibujo de ese cuerpo exhausto me impresionó porque Van Gogh no solo retrató su cuerpo, también consiguió retratar su alma. Eso es lo que convierte a un pintor en un verdadero artista