“Rancor”, Arantzazú Martínez, 2009

 

Llevo muchos años siguiendo el trabajo de la pintora Arantzazú Martínez (Vitoria 1977), pero no ha sido hasta hace unos meses, que he empezado a seguirla en Instagram, cuando he podido ver las creaciones que va realizando en la actualidad. Hace unas semanas me decidí a escribirla para invitarla a participar en este blog sin tener muchas esperanzas de que viese mi mensaje, ni que tuviese tiempo para atenderme.  Imaginaos mi alegría cuando me respondió que le parecía una gran idea y que colaboraría conmigo. Para  era muy emocionante poder compartir una conversación con una artista cuyo trabajo me fascina y le doy de nuevo las gracias por participar en mi pequeño proyecto.  El pasado miércoles 29 de julio, tuvimos una magnífica conversación por videoconferencia, muy interesante y agradable, que se desarrolló en torno a la obra sobre la que que escribo hoy: “Rancor” 

“Rancor”, óleo sobre lienzo, 2009 (146 x 114 cm)

 

Rancor es el nombre de una criatura que aparece en la película “El retorno del Jedi” (1983) perteneciente a la saga de Star Wars. Al comienzo de la misma, el protagonista Luke Skywalker tiene que defenderse de ese monstruo al haber sido arrojado al foso donde vive, enzarzándose en una lucha a muerte. Esta película fue la primera de ciencia ficción que la artista vio en el cine siendo una niña, y la impresión que le produjo esa escena fue lo suficientemente fuerte como para que, después de muchos años, eligiese ese momento como inspiración para crear este cuadro.

Según recuerda:

      “En las primeras escenas lo que vemos es a LukeSkywalker entrando al palacio de Jabba por una especie de túnel,  en ese momento es cuando te hacen la presentación del rancor, un monstruo que vive en un foso debajo del palacio. Esas, para mí, eran las primeras imágenes que mi cerebro tenía de este universo paralelo, unas imágenes que te impresionan, te sobrecogen y te dejan absolutamente fascinada para toda tu vida”.

 

Arantza escogió al rancor como protagonista de su obra y decidió reinventar la escena. En su cuadro, la criatura acecha a una princesa Jedi que no corresponde a ningún personaje reconocible de la saga, como pudiese ser la princesa Leia o Amidala.

Prisionera en una cueva, y atada, la pintura ilustra el momento en el que la protagonista afloja las ligaduras de una de sus manos y trata de alcanzar la espada láser que se encuentra a sus pies para poder liberarse. Su postura, la expresión de su rostro y la intensidad de su mirada reflejan una gran seguridad, fortaleza y determinación.

La historia detrás de esta obra es realmente peculiar y comenzó una mañana en la que la artista recibió un email nada menos que de la compañía Lucasfilm Ltd. En el correo le decían que el cineasta George Lucas había visto su trabajo y la invitaban a participar en un proyecto artístico. Arantza quedó tan sorprendida que tuvo que leer varias veces el email para poder creérselo, pero el email estaba tan bien redactado que sí le pareció una propuesta seria. A pesar de las lógicas dudas que le asaltaban de que fuese una broma, decidió que no perdía nada si les daba su número de teléfono como le solicitaban.  Efectivamente, al día siguiente recibió la llamada del asistente personal de George Lucas.

El proyecto consistía en la realización de un libro en el que varios artistas crearían una obra inspirada en el mundo de Star Wars. Gran admiradora de la saga, no pudo resistirse a aceptar la propuesta, con el aliciente de que no le ponían ningún límite o condición, pudiendo llevar a cabo la obra que ella imaginase con absoluta libertad creadora e independencia. Fue la primera ocasión que trabajó en un encargo de estas características, sabiendo que alguien estaba esperando para ver lo que hacía, con la presión que eso conlleva.

      “Desde que comencé mi carrera, me planteé como una meta el hecho de que cada obra que empezase fuese al 100% de mi capacidad. Tengo que escoger la mejor tela, los mejores colores, darme el tiempo necesario para que la composición funcione bien, que no sea una idea peregrina simplemente porque me haya parecido sugerente en dos segundos, sino porque tiene un significado, que realmente crea que vaya aportar algo, que merece la pena hacerla. Siempre había tenido ese baremo de que las obras sean buenas, pero era la primera vez que no era un interés sólo mío. Cuando ya tienes un espectador, y además de la talla de George Lucas, que sabes que está esperando para ver lo que estás haciendo, te entran las dudas de si lo que puedes hacer es realmente bueno”.

 

La pintura luce una composición exquisita, muy elaborada y con un especial cuidado por los detalles; desde la elección del traje o el tocado, la postura de la princesa o la colocación del rancor, hasta los pequeños detalles como los cráneos de animales dispersos sobre la arena de la cueva, arena que la artista hizo traer desde la playa a su estudio.

      “A pesar de darle muchas vueltas al boceto, no sabía si iba a funcionar bien la composición que tenía en mente, pero cuando coloqué a la modelo en mi estudio, la disfracé y la senté sobre la arena junto con el resto de los detalles, esqueletos, el sable láser, las cuerdas y vi el conjunto, ahí tuve la seguridad de que iba a funcionar. Aun así, siempre te quedaba la duda, porque cuando mezclas cosas reales como la modelo, con cosas que no son reales como el rancor, y juntas las dos realidades hay que ver que peguen bien para que funcione. Es cierto que sí que tuve esos poquitos momentos de estrés, pero de ese estrés casi positivo, casi cercano al sentimiento que provoca la adrenalina, de decir: vamos a por todas. Fue una experiencia muy bonita.”

 

Arantzazú Martínez estudiado la pose de la princesa Jedi

 

La pintora trabaja siempre con modelos reales pintándolos del natural. En esta ocasión, la modelo se llama Leire, una chica que trabajaba en un bar al lado de su estudio, y que Arantza visualizó desde el primer momento como la protagonista de su cuadro.

Destaca en la obra el detalle y exquisitez de los ropajes que viste la princesa y, aunque difiere mucho de la estética original de la película de 1983, su elección es intencionada.  Los primeros bocetos que realizó mantenían una apariencia más acorde al momento en el que se rodó, pero luego decidió modificar los ropajes para tratar de dar una continuidad visual. El universo Star Wars ha sido creado a lo largo de muchos años, iniciándose en 1977, con los consecuentes cambios en la estética. Visualmente hay muchísima diferencia entre la primera trilogía y las dos últimas. La elección de ese traje pretende unificar esas diferencias, debidas a la distancia temporal, integrando la estética de las películas en una sola imagen.

Boceto a lápiz

 

Boceto inicial con la primera idea de vestuario

 

El vestido está inspirado en un modelo que lucía Assumpta Serna en la película “El rey pasmado”. La artista se encargó de buscar el adecuado para su cuadro en las sastrerías de Madrid.

La artista probando el traje que emplearía para su obra.

 

Para la realización del rancor utilizó diferentes fotogramas inéditos del rodaje de la película original, que fueron facilitados por la compañía.

Arantzazú Martínez habla con mucho cariño de esta obra y de su colaboración con el equipo de Lucasfilm Ltd., ya que fue muy enriquecedora. Le dieron todas las facilidades y toda la colaboración necesaria y, sobre todo, el respeto por su creación y su libertad para realizar una obra de la que sentirse orgullosa. De hecho, aunque en un principio la idea era realizar la obra y enviar sencillamente una fotografía para el libro, la calidad del trabajo fue tan buena que el propio George Lucas adquirió el cuadro para su colección personal.

El libro que surgió de este proyecto se publicó en 2010 bajo el título “Star Wars art: Visions” (2010).

 

La obra en grisalla fue utilizada como portada interior del libro “Star Wars art: Visions”

 

Todas las fotografías de este artículo están extraídas de la cuenta de Arantzazú Martínez en facebook. https://www.facebook.com/Arantzazumartinez.artist

página web: http://www.arantzazumartinez.com

 

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“Strange Tales of a Lonely Studio – Lian Suo”, Jing An, 2015.

 

El arte con el que más disfruto es el arte realista, bien sea de épocas pasadas o presente. Actualmente el arte contemporáneo que se muestra en las salas de exposiciones o en los museos tiene poco de realista. Aún así hay infinidad de pintores contemporáneos que defienden y desarrollan, con verdadera maestría, el realismo dentro de la pintura actual.

El MEAM, Museo Europeo de Arte Moderno (Barcelona), es un museo donde se favorece y potencia el arte realista de artistas vivos. En él se desarrollan, aparte de la exhibición de la colección propia del museo, actividades culturales, divulgativas y certámenes, los cuales impulsan la carreta de artistas actuales.

Una de estas actividades fue la exhibición de las obras finalistas de dos competiciones internacionales  de pintura y escultura, ARC Salon y Figurativas 2017. La primera organizada en Estados Unidos por la institución “Art Renewal Center” y la otra en Europa por la “Fundación de las Artes y los Artistas”. Ambas se unieron en Barcelona para acercar al público todo el trabajo más reciente de los mejores artistas figurativos de todo el mundo. Dicha exposición tuvo lugar entre el 22 Septiembre y el 26 Noviembre de 2017.

En esta muestra fue donde descubrí uno de los lienzos que más me han fascinado en los últimos tiempos. Se trata de la obra “Strange Tales of a Lonely Studio – Lian Suo”, de la artista Jing An. La obra obtuvo el segundo premio en el ARC Salon, en la categoría de “realismo fantástico”

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“Stranges Tales of a Lonely Studio- Lian Suo”, óleo sobre lienzo, 2015. (180 x 125 cm)

 

Lian Suo es un capítulo muy conocido de “Liaozhai Zhiyi, Strange Tales of a Lonely Studio”, una colección de historias clásicas chinas de Pu Songling que comprende cerca de quinientas historias cortas. Esta historia concreta muestra al fantasma de una niña, Lian Suo, que lleva en una tumba más de 20 años. Las luciérnagas que danzan en la noche, siendo testigos de su desolación, le ayudan a conocer a un hombre, Yang Yuwei. Se convierten en buenos amigos con gustos e ideas afines. Juntos leen y escriben poesía, juegan al ajedrez y tocan la pipa. La fragilidad de ella conmueve a Yang Yuwei y acaba enamorándose de ella. Para permitirle renacer, una noche el joven realiza un ritual que finaliza cuando, pinchándose en el brazo, hace derramar tres gotas de sangre sobre el ombligo de Lian Suo, causando su renacimiento.

Según las palabras de la autora:

“Soy una artista que pinta con emoción. En los últimos años, he creado una serie de obras sobre `Strange Tales of a Lonely Studio´, que representan algunas de sus más maravillosas historias de amor. Mis obras de arte intentan describir los antiguos clásicos literarios con la perspectiva de una mujer moderna. Mi objetivo es capturar, con imágenes de hace más de 300 años, la vida social de las mujeres, la psicología, el pensamiento y la emoción, mostrando la mitología china en el arte impulsado por la fantasía”.

Lamentablemente, no he conseguido encontrar en internet, ninguna otra obra perteneciente a esta serie de historias que comenta la autora. Sin duda serán dignas de contemplarse si comparten la belleza,  delicadeza, imaginación y perfección técnica de Lian Suo.

 

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Enlaces de interés:

https://www.meam.es/es/about/

https://www.artrenewal.org/Salon2016/Artwork/ByCategory/21052

 

“Nos alcanza el tiempo”

 

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“Nos alcanza el tiempo”, óleo sobre lienzo, 2017, (50 x 100 cm)

 

El transcurrir del tiempo provoca cambios en todo aquello que nos rodea. La maleza crece, la lluvia y el viento erosiona la piedra, la vida evoluciona, se desarrolla y perece. El tiempo nos alcanza a todos, nos transforma y nos convierte en “ruinas”.

Una parte de nosotros permanece anclada a los rincones en los que vivimos, en donde sentimos, en los lugares que nos vieron crecer.

Hay muchas formas de enfrentarse a este devenir del tiempo. Negación, angustia o aceptación de los estragos que provoca el paso del Tiempo.

Ella con su postura, su rostro tranquilo y su movimiento suave, es consciente de esta natural transformación y la acepta con sosiego.

 

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“La pérdida de la palabra escrita”

 

Una biblioteca antigua creada en un pequeño atrio, similar a los claustros de los monasterios, con el objetivo de concentrar y guardar el saber humano. Un lugar atemporal que cobija el conocimiento atesorado a través de los siglos. Los libros representan un medio para difundir nuevos descubrimientos, historias y pensamientos. Son capaces de transmitir ideas a través de la palabra escrita para que no se pierda en el olvido.

“La pérdida de la palabra escrita”, 2017. (116 x 73 cm)

 

Pero todo es efímero, la fragilidad que es innata al ser humano, también lo es a su obra.

Me llama poderosamente la atención las creaciones del ser humano que se destruyen por el paso del tiempo, ya sea un edificio abandonado, una vía de tren muerta o un libro roto. Todo tiene un final. Pero ese final no siempre es agónico porque las ruinas muestran una extraña belleza.

Es una sensación contradictoria entre una profunda admiración por esa belleza y una gran tristeza por su destrucción.

La pérdida de la palabra escrita es un concepto que, en este momento histórico, puede parecer imposible debido al exceso de información que existe gracias a los almacenamientos digitales. Parece que no se pueden perder los conocimientos. Pero hemos perdido algo más importante como es el apreciar, en la textura del papel, todos los esfuerzos que ha hecho el hombre para transmitir el conocimiento, desde aquellos primeros escribas que, con su puño y letra, copiaban los libros para que no se perdieran. Me imagino caminando dentro de mi propio cuadro, cruzando el atrio para alcanzar los libros que se derrumban en las estanterías del fondo, mientras imagino a los antiguos escribas acariciando la cubierta de un libro mientras lo depositaban en su lugar.

El conocimiento jamás debería perderse.

 

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István Sándorfi: Cuando la fuente de inspiración es uno mismo

“Si bien es cierto que un artista y su obra son evidentemente indisociables, sería un error pensar que István era el reflejo de sus pinturas: perverso, violento, egocéntrico, asocial. Era todo lo que su obra no era.” (Ange Sándorfi)

La pintura, como cualquier otra manifestación artística, es una forma que tiene el artista de expresarse y sacar a la luz su mundo interior. En el caso de István Sándorfi, esa forma de expresión era llevada al límite definiendo y condicionando toda su vida.

De entre todo su magnífico legado, no he sido capaz de escoger una única obra con la que mostrar, como he hecho con otros autores, sus fuentes de inspiración. Su inspiración eran sus propios sentimientos y no puedo limitarme a mostrar una sola obra.

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“Les palettes d’oxymel”, 1997-1998

 

A István no le gustaba que le definiesen como un pintor hiperrealista, en realidad, negaba cualquier encasillamiento de su obra: “No tengo el menor interés por las clasificaciones que intentan meter a los artistas en compartimentos o, mejor, en ataúdes, para enterrarlos en un cementerio de referencias, de forma que la gente tenga la impresión de que así conoce la historia de la pintura. La pintura no es una cuestión de conocimientos, sino de sensibilidad, y eso no se enseña ni se aprende.”

Una característica de sus pinturas es que, en  la práctica totalidad de sus cuadros, aparecen partes de los cuerpos desdibujadas, borradas de forma intencionada o incluso ausentes. Respecto a este tema él afirmaba: “Es una forma de mostrar que pinto el espíritu, no el rostro.  El rostro es solo una herramienta a través de la cual puedo expresarme. Yo siempre expreso lo mismo: a mí mismo. El tema es  un pretexto, una excusa. El espíritu y los sentimientos no pueden pintarse o expresarse. Son conceptos abstractos. Necesito un vehículo que pueda utilizar para mostrar mi espíritu. La deformación se  utiliza normalmente cuando no eres capaz de expresarte completamente a través del realismo, ese es el motivo de la distorsión”.

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“Scène d’intèrieur- Le pardon”, 1987

 

Cuando en una entrevista le preguntaron cómo surgía una idea en su mente para plasmarla en el lienzo,  István respondió: “No hay ideas, no me gusta la palabra ‘idea’, después de todo, siempre pinto lo mismo”.

En su primera etapa, y durante quince años, István representó exclusivamente su propia imagen. Distintas posiciones y expresiones muy forzadas, su cuerpo fragmentado, obras muy agresivas e inquietantes. Solo se pintaba a sí mismo, él era su único modelo, acción que llevó a que le clasificaran  como un autor narcisista y sadomasoquista. Una calificación que le hirió profundamente porque su intención no era recrearse en su propio cuerpo, él pretendía expresar sus sentimientos, sus emociones, sus sentimientos. “Pinto el espíritu, mi propio espíritu”.

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“Sweet home”, 1985

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“Mi cuerpo era una herramienta para expresar una individualidad, no a mí mismo sino a la individualidad de cada ser. Fue un malentendido muy doloroso. Después de eso solo he pintado a mujeres. No pinto mujeres porque me parezcan bellas, aunque sí me lo parecen, sólo utilizo modelos femeninos para no crear pinturas crueles porque conducen, o al menos pueden conducir, a malentendidos”.

Aunque no le gustaban los tópicos lo cierto es que incansablemente repetía ciertos temas e iconos en su obra. Pero él transformaba estos elementos otorgándoles un nuevo significado. Por ejemplo, si pintaba unas gafas, cubría los cristales con una capa de pintura opaca con lo que las gafas tradicionales perdían su función convirtiéndose en una metáfora.

 

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“Le silence d’Adele”

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“Angelus Nepharene”

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“Madeleine”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Llama la atención elementos comunes en sus cuadros,  además de la representación insistente de su propio cuerpo,  múltiples retratos femeninos cuya característica común es envolver sus cuerpos con una “capa”, como él definía a las telas que utilizaba, para que no reflejase ninguna época concreta, para que fuesen seres atemporales.

Otros elementos característicos de su obra son la representación de  sus “herramientas” para la creación; caballetes, su paleta, pinceles, el reverso de sus lienzos  y, sobre todo,  la pintura material con la cual “mancha” a sus modelos.

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“Alizarine”, 1994

 

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“Hommage á Nepharene”, 1993

Él fue su propia fuente de inspiración… Si bien todos los artistas expresamos nuestro mundo interior, solemos inspirarnos también en el mundo exterior, en nuestras vivencias, en nuestras impresiones sobre el mundo que nos rodea. Algunos autores vuelven sus ojos hacia la historia,  la religión o la mitología.  Otros  beben de la literatura o de la naturaleza, pero  István solo tenía que encerrarse en su estudio y extraer su inspiración desde su propio yo interior.

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“Pascalange”, 1997-2004

 

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Bibliografía:

  • “István Sandorfi, la pintura nunca muere”. Catálogo de la exposición realizada en el Museu Europeu d’ Art Modern (MEAM). Barcelona, septiembre de 2016. Ediciones de la Fundación de las Artes y los Artistas.
  • Entrevista realizada por la galería “Kálmán Makláry Fine Arts” en 2006. https://www.youtube.com/watch?v=xzx4jpAhAcw                                    https://www.youtube.com/watch?v=uF9EVeADKDo