Elhare descubriendo el fuego

 

La luz que proyecta la luna sobre el mar y sobre la tierra fue lo que despertó en mí las ganas de pintar este cuadro. La forma en la que el mar se ilumina, cómo la luz se refleja en la piel, en el cabello, en los ropajes y en la tierra.

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“Elhare”. Óleo sobre lienzo, 2000. (160 x 130 cm)

 

La idea se me ocurrió paseando por una playa en una noche de luna llena, observando los juegos de luces y sombras que se dibujaban sobre el agua. Jugar con la luz de la vela y de la luna me pareció estimulante. Siempre me ha gustado el mundo de las sirenas, me gustan como seres mágicos, aunque no las historias mitológicas clásicas porque se las describe como criaturas malignas. Hacía tiempo que tenía la idea de pintar a una sirena descubriendo el fuego, como curiosidad diré que la idea me la dió una canción de la película de animación “la sirenita” de Walt Disney, 1989.

La modelo que utilicé para la sirena es mi hermana, aunque no es exactamente su retrato. La figura humana soy yo. Usé una serie de espejos para poder copiarme a mí misma de espaldas.

Pasé muchas horas contemplando el mar bajo la luz de la luna; observé el color de mi piel, de mi pelo y el de mis ropas, así como el color del mar y de las rocas. Estudié también la luz de una vela, observaba el modo en el que se proyectaba en mi cara y en mi mano y cómo influía en un paisaje nocturno. Incluso, aunque parezca ridículo, estuve observando la cola de un pez a la luz de la luna porque… ¿cómo es un pez por la noche iluminado con esa luz?, ¿brillará o no? ¿de qué color es?. Conocer esos pequeños detalles es lo que hace posible que un cuadro sea tal cual es.

 

Homenaje a Goethe, Gustav Eberlein, 1904

Existen momentos de la Historia en la que nacen seres excepcionales los cuales dejan una huella imborrable para generaciones posteriores. Estas personas inspiran la vida y el trabajo de muchas almas mucho después de que ellos hayan desaparecido. Uno de estos hombres fue el dramaturgo alemán Johann Wolfgang von Goethe, considerado uno de los hombres más inteligentes y polifacéticos de todos los tiempos. Escritores, pintores, escultores y filósofos honraron su memoria con su trabajo posterior.

Un ejemplo se encuentra en la Villa Borghese, en Roma. En este lugar se alza un monumento dedicado a Goethe. Está formado por una escultura que representa al escritor de pie sobre una columna. En la base de esta  hay tres grupos escultóricos que evocan  su poesía.

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“Homenaje a Goethe”, Gustav Eberlein. Villa Borghese, Roma.

Me impresionó, sobre todo, la fuerza y la expresividad uno de ellos: el que representa la obra “Ifigenia en Táurida”. La escultura ilustra el momento en el que Orestes, hermano de  Ifigenia, le  confiesa  el matricidio que ha cometido. La desesperación de él, el gesto de desprecio de ella me parecieron magistrales, me impactaron por la exquisita expresividad que de ellos se desprende.

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Ifigenia y Orestes

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Otro grupo escultórico, situado en el extremo izquierdo,  representa dos personajes de la novela “Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister”,  Mignon y el viejo arpista Lotario. El tercer grupo personifica  a Fausto y Mefistófeles, protagonistas de la más famosa obra escrita por Goethe, “Fausto”.

Fausto y Mefistóteles

Fausto y Mefistóteles

MIgnon y Lotario

Mignon y Lotario

 

Esta obra fue esculpida en 1904, por Valentino Casali, en Berlín, siguiendo los modelos elaborados por el escultor alemán Gustav Eberlein (1847-1926) y donado a la ciudad de Roma por el emperador Guillermo II de Alemania.

Una de las inquietudes de Goethe respecto al arte, a los sentimientos, a  la vida misma era que todo tenía que tener forma. Para él una experiencia vital debía ser descrita y, como escritor, daba forma a sus sentimientos y sus experiencias expresándose a través de la palabra escrita. Son conocidas sus  cartas dirigidas a sus amigos, a su hermana o a sus mentores en las que compartía sus inquietudes y vivencias. En muchas ocasiones esas reflexiones escritas le sirvieron para construir sus obras posteriormente. En el prólogo del libro “Goethe, la vida como obra de arte”, el autor, Rüdiger Safranski describe así esta idea: “…Para él todo había de tener forma. O bien la descubría, o bien la creaba en el vaivén cotidiano de los seres humanos, en las amistades, en cartas y conversaciones. Era un hombre de rituales, símbolos y alegorías, un amigo de insinuaciones y alusiones, y, sin embargo, también quería llegar siempre a un resultado, a una forma, a una obra.”

¿Y qué mejor manera de dar forma a una idea o, en este caso, a los personajes imaginados por Goethe que utilizando el arte de la escultura? Una obra escrita se transforma en una obra escultórica reafirmando una idea y una inquietud que acompañó a Goethe a lo largo de toda su vida.

 

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Bibliografia:

“Goethe a Roma: Un grande poeta nell’Italia del Settecento”. Paola Giovetti

“Goethe, la vida como obra de arte”.  Rüdiger Safranski

“Desafiando al Olvido”

 

Caminar entre las ruinas de un edificio abandonado, construido hace tiempo por seres que ya no existen, me transmite una sensación extraña. Por un lado siento nostalgia y tristeza por aquello que se ha perdido. Por otro lado me admira la belleza de esos restos que aún se anclan en el presente, irguiéndose inexorables, desafiando  al tiempo.

Esos fragmentos rotos me recuerdan un pasado y su presencia destierra el olvido que de otra forma habría conquistado ese lugar. No existe olvido mientras existan vestigios que nos recuerden el pasado.

La existencia de esos recuerdos me reconforta, me da serenidad y el espíritu de esos lugares hace que el tiempo se detenga en los instantes en los que mis pasos recorren el lugar.

Me fascinan las ruinas y lo que ellas me transmiten…

Desafiando al Olvido

“Desafiando al Olvido”. Óleo sobre lienzo, 2016. (116 x 81 cm)

 

Este cuadro es el primero que pinto sobre este tema, y no será el único. Hace tiempo que deseaba introducir estas ideas en mi obra, aunque este lienzo es muy diferente a como lo imaginaba en un principio.

Existe un edificio que me encanta recorrer, está en muy mal estado pero la perfecta estructura de sus muros refleja la magnificencia de esa construcción. Se trata del Pazo de Lourizán, en la provincia de Pontevedra. Un impresionante palacio diseñado por el  arquitecto  Jenaro de la Fuente (1851-1922). Puedo pasarme horas recorriendo los exteriores de ese lugar (no se permite la entrada al interior).

Hubo un día en el que paseaba delante de la fachada. En ese instante los rayos del sol iluminaban  un punto en concreto donde podía observar mi propia imagen reflejada en las puertas del palacio. Me encantó la luz de ese reflejo y supe que quería pintarlo, aunque no mi autorretrato, sino la imagen de una mujer.

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Detalle

En principio la idea era únicamente el reflejo, pero luego decidí que esa imagen era perfecta para  una construcción en ruinas donde la piedra, el musgo y el tiempo compartiesen un mismo espacio y un mismo instante.

Tardé bastante tiempo en realizar la composición del cuadro, no tenía muy claro cómo hacerlo, hasta que recordé una visita que hice años atrás al monasterio de Santa María de Oia (Pontevedra), otro de mis lugares favoritos. Rememoré la sensación que tuve al entrar en el claustro abandonado y a partir de ahí elaboré el cuadro.

En septiembre del 2015 estuve recorriendo varias casas abandonadas donde el tiempo se había detenido. Me pasé horas contemplando detalles de cristales rotos, hiedras invadiendo las estancias, musgo acostado en las piedras, puertas resquebrajadas y empapándome de sensaciones.

Y poco a poco el cuadro fue creciendo hasta llegar a convertirse en uno de mis favoritos por todo lo que me transmite y por el recuerdo de aquellos lugares que he visitado para crearlo, instantes que perdurarán en mi memoria y que volverán a mí en las ocasiones que mis ojos reposen en este cuadro.

 

“Abadía en el robledal”. Caspar David Friedrich, 1809

La sobrecogedora atmósfera que se observa  en este cuadro fue lo primero que llamó mi atención. La bruma, la franja de luz entre la oscuridad, las ruinas, los árboles erguidos desafiando tanto  a los hombres como a lo que construyeron en el pasado…  Me impactó.

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“Abadía en el robledal”. Óleo sobre lienzo, 1809.

“Abadía en el Robledal” fue una de las primeras obras al óleo de Friedrich. La pintó en 1809 cuando contaba con 35 años, junto con “Monje a la orilla del mar”. Ambas obras se presentaron en la Academia de Berlín en 1810 con un gran éxito en general, especialmente por la innovadora forma de representar el paisaje. También tuvo importantes detractores como Goethe  quien escribió: “Todo esto es una negación de la Vida… La muerte … la muerte en una escena invernal… los monjes, fugitivos de la Vida… el ataúd, el monasterio en ruinas… no puedo soportarlo”. Esta obra, sin embargo causó una impresión contraria en el poeta Theodor Körner,  amigo del pintor,  ya que le inspiraron dos poemas:  “los robles”, escrito en 1810 después de la exhibición de Berlín y  “Friedrich´s Landscape of the dead”.

Gran parte de la obra más temprana de Friedrich expresa su obsesión por la muerte, la soledad y el inexorable paso del tiempo. Hay que comprender esto desde su biografía, su madre murió cuando  tenía siete años. Más tarde sus dos hermanas y su hermano (un año menor que él), que murió ahogado al salvar al propio Friedrich cuando cayó en el hielo siendo un niño.  El padre de Friedrich falleció posteriormente cuando el pintor estaba realizando esta obra. No analizaré ni la obra ni el simbolismo del cuadro, no es el objetivo de este blog pero os dejo un interesante enlace en donde si lo explica:

http://histartgazer.blogspot.com.es/2012/06/abadia-en-el-robledal-un-sublime.html

Este blog trata de la inspiración que embarga a los artistas a la hora de crear sus obras, por ello voy a centrarme en como un lugar concreto (la abadía) o un elemento determinado (los robles) inspiran a Friedrich de tal forma que ambos motivos  se repiten a lo largo de toda su carrera.

Las ruinas reflejadas en esta obra están inspiradas en la ruinas de la abadía de Eldena, en Greifswald (Alemania), ciudad natal del pintor. Dicho monasterio, fundado en 1225 y construido hasta 1400, fue abandonado por los monjes en 1553. Desde 1665 servía de cantera, por lo que a comienzos del siglo XIX era ya una ruina irrecuperable.

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Ruinas de Eldena

Friedrich visitaba este lugar con frecuencia y su imaginación lo trasformaba de múltiples formas, dotándole de una magia y una personalidad difícilmente igualables.

Algunos ejemplos de estas obras son:

  • “Ruina con monje” (1800)
  • “Ruina con la luz del fuego” (1800)
  • “Dos estudios para Eldena”, septiembre de 1800. Lápiz sobre papel
  • “Cementerio con las ruinas de una iglesia”, (1800).  Pincel y sepia, 13,8 x 20,3 cm

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  • “Paisaje de invierno con ruinas de una iglesia”,  (1807-1808).   Destruido en 1931.

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  • “La abadía de Eldena en Pomerania”, (1820)   Lápiz, tinta y acuarela.    Colección de Georg Schäfer

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  • “Ruinas de Eldena”, (1825)  óleo sobre lienzo, 35 x 49 cm

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  • “Invierno” (1826). Tinta china, 19 x 27 cm

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  • “Ruinas de Eldena y la Montaña de los Gigantes”, (1830-1834). Óleo sobre lienzo, 73 x 103 cm

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Esta otra obra no describe las ruinas de Eldena, pero la inspiración es la misma, ruinas de construcciones góticas.

  • “Ruinas de un monasterio en la nieve” (1818). Óleo sobre lienzo, 120 x 171 cm Desaparecido en 1945 durante la Segunda Guerra Mundial

FOTO DE CUADRO PERDIDO

La atracción de Friedrich por las ruinas es evidente y yo la comparto. Caminar por edificios en ruinas, especialmente tan grandiosos como pueden ser los monasterios, es una experiencia para mi muy intensa. La sensación de soledad o de nostalgia que producen se entremezclan con una sensación de paz y serenidad al ser consciente de que las ruinas son los vestigios de una civilización, pero estos vestigios destierran el olvido que es intrínseco a la muerte.

No hay olvido mientras existan signos que nos recuerden el pasado.

 

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Bibliografia: Caspar David Friedrich and the Age of German Romanticism”  (Linda Siegel)

Web:www. artehistoria .com

“La llegada de Cristo al Calvario”, José Echenagusía (Echena)

 

Cuando dos personas tan poco dadas a la exageración como son mi hermana y mi madre, alaban sin reparos una obra que han podido contemplar en una exposición, indudablemente despierta mi curiosidad.

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“Llegada al Calvario”, 1884. Aguada en grisalla sobre papel, (100 x 169 cm)

Esta obra fue expuesta en “Las Edades del hombre” en 2011 ,en la provincia de Valladolid. No tuve ocasión de disfrutarla in situ, pero simplemente ver una fotografía me impresionó. La obra me parece soberbia. Así que me puse a indagar sobre ella y es de las tristemente frecuentes ocasiones en las que la investigación me deja un gusto amargo, ya que la obra que os muestro en la fotografía es, en realidad, un boceto de la obra original, la cual se considera perdida. Otras fuentes indican que no era exactamente un boceto sino una versión realizada para su reproducción.

El cuadro representa la llegada de Cristo al Calvario. A un lado de la escena se encuentran los soldados romanos, al otro el pueblo judío. Cristo, la figura central, aparece fatigado, extenuado tras la subida al monte. En primer término, los dos ladrones, aislados, en  actitud de decaimiento  uno y de desesperación el otro por el castigo que les aguarda.

El lienzo original al que pertenece este boceto es un cuadro de grandes dimensiones (6,5 x 4 m. aproximadamente, según fuentes), fue pintado en Roma en 1884 y presentado posteriormente en diversos lugares. Con esta obra Echena  ganó la segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, en la edición de ese año.

El impacto de este cuadro en la época es difícil de imaginar y consolidó a Echena como uno de los grandes talentos del momento.

“En aquellos tiempos, que surgió de su pincel la obra maestra, suchef d’oeuvre. «La llegada de Cristo al Calvario», admiración y asombro del mundo culto, jamás la prensa europea y mundial coincidió más exactamente en sus apreciaciones y juicios críticos. La Ilustración Española y Americana, The Italieni Times, de Roma, La Voce della Verita, La Liberté y L’Italie, aparte de otros muchísimos más periódicos y revistas de Italia; The Daily Telegraph, The Atheneum, The Times, The Daily News, y en general toda la más importante prensa de Inglaterra; la prensa alemana, la norteamericana y todos cuantos se ocuparon de tan renombrado lienzo, que constituyó un acontecimiento mundial en la región del Arte, todos estaban acordes en la gran superioridad del lienzo de Echenagusía sobre cuantos se habían pintado del mismo asunto”. (Loyarte)

Uno de los aspectos en los que coincidían cuantos escribieron acerca de esta obra es la originalidad en el tratamiento de un tema ya expresado en diferentes ocasiones. Baste de ejemplo lo publicado por “la Libertá” de Roma:

“La colosal composición del pintor de Fuenterrabía debiera titularse con más propiedad: El Calvario a la llegada de Cristo, porque aquel Jesús, aquellas mujeres que le ofrecen una bebida, aquellos judíos, aquellos romanos, en nada se parecen a lo que hasta ahora se ha visto representando la terrible escena de la Cruz. Esta vez no se trata de un cuadro inspirado en el sentimiento único de la fe, de la religión; es más bien un estudio erudito, con glosas contemporáneas, un trabajo de reconstrucción histórica, informado en la moderna crítica”.

También coincidieron en expresar la impresión causada por la obra. Cuantos la contemplaban quedaban sobrecogidos y lamentaban no poder describir el cuadro en su justa medida:

“Es imposible describir en pocas palabras este cuadro, bello por su carácter, artístico por el desarrollo general del asunto y por el movimiento de cada una de las figuras”. (“La Voce della verita”)

 La impresión que produce este lienzo es extraordinaria. Nos falta espacio para una descripción extensa que pueda dar idea de esta obra magistral, y nos limitamos á asegurar que el cuadro del Sr. Echena será uno de los más notables que figuren en la Exposición de Madrid.” ( L’Italie)

Si bien la única crítica “negativa” la aporta “La Voce della verita” al afirmar:  “Sin embargo es de lamentar el carácter demasiado humano dado al rostro de Jesús. ¡Cuánto hubiera mejorado este lienzo si su autor hubiese sacrificado el realismo ante lo ideal que tan bien cuadra con la esencia divina del Redentor!”

Curiosamente Echena no pinta la escena tal como se describe en las escrituras:

“No es el drama del Gólgota tal como lo sienten los católicos y la sencillez de la Biblia, pues el artista se ha inspirado principalmente en el Talmud de los hebreos. Así, la caña legendaria, que aplica el vinagre a los labios del Salvador, ya en la cruz, está sustituida por la ampolla con bebida compuesta de hierbas aromáticas, embriagadoras, que las mujeres hebreas dan a Jesús, como a cualquier otro condenado, para que no le falten las fuerzas antes de ascender al madero de la redención. En lugar de la santa trilogía de María, de Magdalena y del amado discípulo, se dibuja un grupo de hijas de Jerusalén, que, más que atraídas por el amor y una emoción dolorosísima, van a presenciar, casi a recrearse con el funesto espectáculo. La escena es menos conmovedora, pero acaso más verdadera, cuando se tiene en cuenta que aquellas mujeres y aquellos hebreos eran los que habían pedido la muerte del Inocente a Poncio Pilatos…”

No sabemos si la luz y los colores de esta versión coinciden con los de la obra original, la cual si destaca por su tratamiento de la luz que sorprendió a cuantos tuvieron la suerte de ver el lienzo.  He aquí un extracto del artículo de La Libertá de Roma acerca de este aspecto:

“Azuladas nubes rompen en algunos puntos el oscuro celaje, como cuando amenaza una tormenta, y el sol adquiere tintes lívidos parecidos a los que anuncian un eclipse. Aquella luz extraña, misteriosa, fantástica, está pintada magistralmente y da un marcado relieve, una vida extraordinaria á las figuras principales, singularmente a la de Jesús. Estas cualidades dan al lienzo tales condiciones, que permiten al espectador concentrar su atención como si viese el cuadro á través de una lente. La ilusión es completa y muy semejante á la de un panorama en el cual no se aprecia bien el punto que separa los objetos verdaderos de los que son obra del pincel”.

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Fotografía de la obra original publicada en la antigua revista “Alrededor del Mundo” (1913)

Ciertamente el lienzo original de Echena debió ser sobrecogedor, simplemente impresiona la perfección del boceto que aquí muestro. Me parece muy deplorable que obras de esta calidad se pierdan. Se sabe que el Museo del Prado estuvo interesado en la adquisición de este cuadro, pero finalmente la obra fue vendida al Museo de Edimburgo, el cual pagó 50.000 pesetas, toda una fortuna en aquella época. Sin embargo en 1981, al realizar el catálogo de obras de colección del Grupo Santander, se preguntó a  Hugh Bringstocke, Assistant Keeper de la National Gallery of Scotland de Edimburgo, sobre este lienzo y comunicó que desconocía esta obra.

 

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Bibliografía principal:

Euskal-Erria, Revista Vascongada:

 

 

“Monsieur Géricault, su naufragio no es ciertamente ningún desastre.”, “La Balsa de la Medusa”

 

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“La balsa de la Medusa”. Óleo sobre lienzo, 1818-1819. (491 cm × 716 cm)

 

La Balsa de la Medusa (en francés: Le Radeau de la Méduse) es una pintura al óleo hecha por el pintor y litógrafo francés del Romanticismo, Théodore Géricault entre 1818 y 1819. La pintura se terminó cuando el artista tenía únicamente 27 años y su trabajo se convirtió en un icono del Romanticismo francés. Es una pintura de formato grande (491 cm × 716 cm) y representa un momento posterior al naufragio de la fragata de la marina francesa “Méduse”, que encalló frente a la costa de Mauritania el 5 de julio de 1816. Por lo menos 147 personas quedaron a la deriva en una balsa construida apresuradamente y todas ellas, excepto 15, murieron durante los 13 días que tardaron en ser rescatadas y las que sobrevivieron soportaron el hambre, la deshidratación, el canibalismo y la locura. El evento llegó a ser un escándalo internacional, en parte porque sus causas fueron atribuidas a la incompetencia del capitán francés que actuaba bajo la autoridad de la reciente y restaurada Monarquía francesa.

El texto que aparece a continuación está extraído del libro “Una historia del mundo en diez capítulos y medio”, de Julian Barnes.

¿Cómo se puede transformar la catástrofe en arte?

Se afeitó la cabeza antes de empezar el cuadro, eso lo sabemos todos. Se afeitó la cabeza para no poder ver a nadie, se encerró en su estudio y no salió hasta que hubo terminado su obra maestra. ¿Qué fue lo que sucedió?

Los supervivientes fueron rescatados de la balsa el 17 de julio de 1816. Dos de ellos, Savigny y Corréard  publicaron su relato de la travesía en noviembre de 1817.

El lienzo fue comprado el 24 de febrero de 1818.

El lienzo fue trasladado a un estudio mayor y tensado de nuevo el 28 de julio de 1819.

El 28 de agosto de 1819, tres días antes de la inauguración del Salón, Luis XVIII examinó el cuadro y dirigió al artista lo que el Moniteur Universel llamó “uno de esos felices comentarios que al mismo tiempo juzgan la obra y estimulan al artista”. El rey dijo: “Monsieur Géricault, su naufragio no es ciertamente ningún desastre”.

El pintor leyó el relato de Savigny y Corréard; los conoció y los interrogó. Reunió un expediente del caso. Buscó al carpintero de la Medusa, que había sobrevivido, y le convenció para que le hiciera una maqueta a escala de la balsa original. En ella colocó muñecos de cera que representaban a los supervivientes. A su alrededor, en las paredes del estudio, puso sus propios cuadros de cabezas cercenadas y miembros amputados para infiltrar el aire de mortalidad. En el cuadro final aparecen retratos reconocibles de Savigny , Corréard y el carpintero.

“Estaba perfectamente tranquilo mientras pintaba”, según informó Antoine Alphonse Montfort, el discípulo de Horace Vernet; “había poco movimiento perceptible del cuerpo y de los brazos, y sólo un ligero sonrojo de la cara revelaba su concentración”. Trabajaba directamente sobre el lienzo blanco con sólo un tosco bosquejo como guía. Pintaba mientras duraba la luz, con una inexorabilidad que también tenía sus raíces en la necesidad técnica: los óleos que usaba, densos y de secado rápido, obligaban a que cada sección, una vez comenzada, tuviese que terminarse ese día. Como sabemos, se había hecho afeitar los rizos rubio rojizo de su cabeza, como una señal de no molesten. Pero no estaba solitario: modelos, discípulos y amigos continuaban acudiendo a la casa que compartía con su joven ayudante Louis-Alexis Jamar. Entre los modelos que utilizó estaba el joven Delacroix, que posó para la figura muerta tumbada boca abajo con el brazo izquierdo extendido.

Estuvo ocho meses en su estudio. Por esas fechas dibujó un autorretrato,(…)

Debemos recordarle trabajando. Es normal tener la tentación de esquematizar, de reducir ocho meses a un cuadro acabado y una serie de bocetos preliminares; pero debemos resistirnos a caer en ella. (…) De pie ante el Naufragio, trabajaba con intensidad de concentración y necesidad de silencio absoluto: el correr de una silla era suficiente para romper el hilo invisible entre el ojo y la punta del pincel. Está pintando sus grandes figuras directamente sobre el lienzo con sólo un bosquejo como ayuda. Cuando la obra está a medio hacer parece una hilera de esculturas colgadas en una pared blanca.

Debemos recordarle en el encierro de su estudio, trabajando, moviéndose, cometiendo errores. Cuando conocemos el resultado final de esos ocho meses, su avance hacia ese resultado parece irresistible. Nosotros partimos de la obra maestra y vamos hacia atrás examinamos las ideas descartadas y los desaciertos; pero para él esas ideas descartadas comenzaron siendo algo excitante y sólo a final vio lo que nosotros damos por sentado desde el principio. Para nosotros la conclusión era inevitable; para él no. (…) Un cuadro puede representarse como una serie de decisiones etiquetadas, pero deberíamos comprender que éstas son sólo las anotaciones de la sensación. Debemos  recordar los nervios y las emociones. El pintor no es suavemente llevado río abajo hasta el remanso soleado de esa imagen acabada, sino que trata de mantener el rumbo en un mar abierto de corrientes contrarias”.

 

Bibliografía:

“La historia de mundo en diez capítulos y medio”, Julián Barnes.

“Historia de los grandes cuadros”, Charlie Ayres. Ed. Siruela

“La niña obrera” (1885) de Juan Planella y Rodríguez

El buscar la historia detrás de los cuadros es, en muchas ocasiones, una tarea difícil. No suele haber mucha información ni en internet ni en libros, si bien cuando existen no son fáciles de encontrar. Hay cuadros que llaman mi atención y con frecuencia me pongo a buscar información acerca de los motivos del autor para realizar la obra. En muchas de esas ocasiones prácticamente no encuentro nada y no los muestro en este blog. En este caso, a pesar de encontrar muy poco acerca de esta obra, he decidido enseñárosla porque el cuadro me parece una preciosidad, digno de ser difundido.

La niña obrera. Segunda versión, 1885

La niña obrera. Segunda versión, 1885

Existen dos versiones de esta obra. La primera fechada en  1882, es un lienzo de grandes dimensiones (182 x 142 cm). Pertenece en la actualidad a una colección privada. La segunda versión se pintó, probablemente en 1885, aunque está fechada en 1889. Es un lienzo de menores dimensiones (67 x 55 cm) que fue adquirido en 2013 por el Museu d´Història de Catalunya.

La niña obrera, versión original, 1882

La niña obrera, versión original, 1882

Juan Planella era un pintor barcelonés que en esa época vivía en la ciudad más industrializada de la Península Ibérica, con un elevado número de fábricas textiles. El trabajo infantil era frecuente. Planella reflejó en este cuadro, y en otras de sus obras, las condiciones de trabajo que sucedían entonces. Parece atraído por la problemática de los trabajadores de Barcelona.

Se desconoce dónde pintó este cuadro, no se sabe quién es la niña retratada y tampoco se sabe la forma que tenía Planella de pintar sus obras. Puede que pintase in situ o elaborase sus obras con trabajo preparatorio previo.  Se especula que pudo pintar la obra en alguna de las fábricas textiles de su mecenas,  Fernando Puig i Gibert.

Existe un  estudio realizado por Juan C. Bejarano Veiga, a raíz de la adquisición de la obra por el Museu d´Història de Catalunya. El siguiente enlace es un resumen en castellano del trabajo: http://www.raco.cat/index.php/Datatextil/article/viewFile/276173/364102

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Presentación de la segunda versión de “la niña obrera” en el Museu d´Història de Catalunya

Seguiré buscando más información de este cuadro, de momento, sirva la contemplación de esta preciosa obra.

“Donde el camino acaba”

 

“Los Protectores” es el título de mi libro preferido y tengo el honor de tener a mi hermana como su autora. Lo leo todos los años en otoño y cada vez descubro algo nuevo en él. Este cuadro está inspirado en una escena de ese libro. En él se describe un lugar al que llega uno de los protagonistas de la historia después de un largo camino, siendo consciente de que su tiempo se acaba y decide detenerse allí, al encontrar en ese hermoso paraje sosiego y paz.

“Donde el camino acaba”. Óleo sobre lienzo, 2004. (100 x 73 cm)

 

De esta forma se describe en el libro:

Era un hermoso lugar donde los magnolios y las camelias en flor habían crecido espléndidamente alrededor de un pequeño estanque circundado por helechos y hiedras. Las ramas de uno de los magnolios se habían inclinado hacia el agua, adoptando la forma de una cascada y sus flores rosas casi rozaban la superficie en un movimiento susurrante, como si la naturaleza se abrazara a sí misma. Ehsaw se quedó contemplando en silencio aquel paraje. No sabía por qué, quizá fuera por su equilibrada delicadeza o por aquel instante de efímera belleza que no duraría más que unas pocas semanas hasta que las flores se marchitaran  y cayeran, o por el frescor del agua y del viento que lo animaban dándole vida; fuera por lo que fuese, Ehsaw deseó quedarse ahí para siempre, como si un reloj se hubiera detenido para ella, con la conciencia de quien sabe que nunca más volverá a moverse.” (M. Devidara)

El lugar que representa el cuadro no existe, pero sí existe el lugar que lo inspiró: Se trata de un rincón en el Parque de Castrelos, en la ciudad de Vigo. La primera vez que visité ese lugar estaba amaneciendo y los rayos del sol se proyectaban oblicuos sobre el magnolio y el estanque. Una rama se posaba con delicadeza sobre la superficie del agua y la luz de ese momento era irreal. He acudido a ese lugar infinidad de veces a través de los años, pero nunca he vuelto a disfrutar de la luz tan especial que había  aquel día.

La estatua en el estanque representa a Eshaw.

 

 

 

 

“Lamento”

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“Lamento”. Óleo sobre lienzo, 2015. (160 x 130 cm)

La idea de este cuadro es antigua, de hecho es una versión de un cuadro que pinté en 1998. En aquel momento la idea me encantó, también estaba satisfecha con la composición pero siempre me quedó la sensación de que el cuadro podría ser mejor.

Aunque la composición era equilibrada, las figuras están muy poco elaboradas, demasiado esbozadas. Siempre pensé que era un paso atrás el tener que repetir un cuadro y por eso he pasado los años contemplando ese cuadro, lamentándome de que podía haberlo hecho mejor.

Fue nada menos que el señor Delacroix el que me hizo darme cuenta de que ese razonamiento era una solemne tontería. Delacroix versionaba con frecuencia sus obras, de hecho tiene diversas versiones de muchos de sus cuadros. Era un perfeccionista que no le importaba repetir un tema si con ello se sentía satisfecho. ¿Por qué no hacerlo yo?

Elaborar el cuadro manteniendo la composición original resultó ser complicado porque yo quería ampliar las figuras. Mantener ese tamaño y la disposición de las figuras implicaba un lienzo de un tamaño tan grande que no cabía en mi estudio. Así que mantuve la idea principal de la obra manteniendo la figura central de la sirena y la humana.

Para esas figuras quise retratar a mis hermanas. Ellas posaron para mi en una sesión de fotos bastante divertida.

 

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La idea del cuadro original surgió al escuchar una música de la banda sonora original de la película “Titanic”, 1997 (compuesta por James Horner). El tema en concreto es “An Ocean of Memories”. En este tema aparece un lamento, dulce y triste que me llegó al alma. Quise representar la tristeza que sentí dibujando la figura central de una sirena recogiendo en sus brazos el cuerpo sin vida de un humano. Aunque en mitología clásica se las describe como seres malignos, para mi las sirenas se lamentan de la pérdida de la vida ya que vuelve su mundo aún más lúgubre y oscuro.

 

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“Lamento”, versión de 1998.

 

 

 

Seleccionada Premio de Pintura Focus Abengoa 2013

 

El pasado año presenté la obra “La Mirada entre la Niebla” al Premio de Pintura Focus-Abengoa 2013. No gané el premio pero es un orgullo que la obra la hayan seleccionado como finalista y participará en la exposición del Premio. Hemos sido seleccionados 23 artistas de un total de 362 obras presentadas, con lo cual estoy encantada.

La Mirada entre la Niebla

“La mirada entre la niebla”. Óleo sobre lienzo. (100 x 81 cm)

La realidad que puedo ver y de la que puedo obtener una fotografía no representa para mí un aliciente para pintar. Aunque toda mi obra es figurativa me gusta transformar la realidad que veo en cómo me gustaría verla. La belleza que me rodea sirve de inspiración para crear mis cuadros. No existe el lugar exacto que describe este lienzo, pero si representa un lugar real en el que yo echaba de menos contemplar varias cosas: por un lado los lobos en libertad y por otro un manto de nieve en la dehesa que nunca conseguí ver… y la niebla, la cual es capaz de transformar cualquier lugar dándole una sensación de atemporalidad.

detalle

Detalle

La exposición se inaugurará el 17 de Marzo de 2014, en la sede de la fundación, el Hospital de los Venerables Sacerdotes en Sevilla.