Elhare descubriendo el fuego

 

La luz que proyecta la luna sobre el mar y sobre la tierra fue lo que despertó en mí las ganas de pintar este cuadro. La forma en la que el mar se ilumina, cómo la luz se refleja en la piel, en el cabello, en los ropajes y en la tierra.

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“Elhare”. Óleo sobre lienzo, 2000. (160 x 130 cm)

 

La idea se me ocurrió paseando por una playa en una noche de luna llena, observando los juegos de luces y sombras que se dibujaban sobre el agua. Jugar con la luz de la vela y de la luna me pareció estimulante. Siempre me ha gustado el mundo de las sirenas, me gustan como seres mágicos, aunque no las historias mitológicas clásicas porque se las describe como criaturas malignas. Hacía tiempo que tenía la idea de pintar a una sirena descubriendo el fuego, como curiosidad diré que la idea me la dió una canción de la película de animación “la sirenita” de Walt Disney, 1989.

La modelo que utilicé para la sirena es mi hermana, aunque no es exactamente su retrato. La figura humana soy yo. Usé una serie de espejos para poder copiarme a mí misma de espaldas.

Pasé muchas horas contemplando el mar bajo la luz de la luna; observé el color de mi piel, de mi pelo y el de mis ropas, así como el color del mar y de las rocas. Estudié también la luz de una vela, observaba el modo en el que se proyectaba en mi cara y en mi mano y cómo influía en un paisaje nocturno. Incluso, aunque parezca ridículo, estuve observando la cola de un pez a la luz de la luna porque… ¿cómo es un pez por la noche iluminado con esa luz?, ¿brillará o no? ¿de qué color es?. Conocer esos pequeños detalles es lo que hace posible que un cuadro sea tal cual es.

 

“Desafiando al Olvido”

 

Caminar entre las ruinas de un edificio abandonado, construido hace tiempo por seres que ya no existen, me transmite una sensación extraña. Por un lado siento nostalgia y tristeza por aquello que se ha perdido. Por otro lado me admira la belleza de esos restos que aún se anclan en el presente, irguiéndose inexorables, desafiando  al tiempo.

Esos fragmentos rotos me recuerdan un pasado y su presencia destierra el olvido que de otra forma habría conquistado ese lugar. No existe olvido mientras existan vestigios que nos recuerden el pasado.

La existencia de esos recuerdos me reconforta, me da serenidad y el espíritu de esos lugares hace que el tiempo se detenga en los instantes en los que mis pasos recorren el lugar.

Me fascinan las ruinas y lo que ellas me transmiten…

Desafiando al Olvido

“Desafiando al Olvido”. Óleo sobre lienzo, 2016. (116 x 81 cm)

 

Este cuadro es el primero que pinto sobre este tema, y no será el único. Hace tiempo que deseaba introducir estas ideas en mi obra, aunque este lienzo es muy diferente a como lo imaginaba en un principio.

Existe un edificio que me encanta recorrer, está en muy mal estado pero la perfecta estructura de sus muros refleja la magnificencia de esa construcción. Se trata del Pazo de Lourizán, en la provincia de Pontevedra. Un impresionante palacio diseñado por el  arquitecto  Jenaro de la Fuente (1851-1922). Puedo pasarme horas recorriendo los exteriores de ese lugar (no se permite la entrada al interior).

Hubo un día en el que paseaba delante de la fachada. En ese instante los rayos del sol iluminaban  un punto en concreto donde podía observar mi propia imagen reflejada en las puertas del palacio. Me encantó la luz de ese reflejo y supe que quería pintarlo, aunque no mi autorretrato, sino la imagen de una mujer.

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Detalle

En principio la idea era únicamente el reflejo, pero luego decidí que esa imagen era perfecta para  una construcción en ruinas donde la piedra, el musgo y el tiempo compartiesen un mismo espacio y un mismo instante.

Tardé bastante tiempo en realizar la composición del cuadro, no tenía muy claro cómo hacerlo, hasta que recordé una visita que hice años atrás al monasterio de Santa María de Oia (Pontevedra), otro de mis lugares favoritos. Rememoré la sensación que tuve al entrar en el claustro abandonado y a partir de ahí elaboré el cuadro.

En septiembre del 2015 estuve recorriendo varias casas abandonadas donde el tiempo se había detenido. Me pasé horas contemplando detalles de cristales rotos, hiedras invadiendo las estancias, musgo acostado en las piedras, puertas resquebrajadas y empapándome de sensaciones.

Y poco a poco el cuadro fue creciendo hasta llegar a convertirse en uno de mis favoritos por todo lo que me transmite y por el recuerdo de aquellos lugares que he visitado para crearlo, instantes que perdurarán en mi memoria y que volverán a mí en las ocasiones que mis ojos reposen en este cuadro.

 

“Donde el camino acaba”

 

“Los Protectores” es el título de mi libro preferido y tengo el honor de tener a mi hermana como su autora. Lo leo todos los años en otoño y cada vez descubro algo nuevo en él. Este cuadro está inspirado en una escena de ese libro. En él se describe un lugar al que llega uno de los protagonistas de la historia después de un largo camino, siendo consciente de que su tiempo se acaba y decide detenerse allí, al encontrar en ese hermoso paraje sosiego y paz.

“Donde el camino acaba”. Óleo sobre lienzo, 2004. (100 x 73 cm)

 

De esta forma se describe en el libro:

Era un hermoso lugar donde los magnolios y las camelias en flor habían crecido espléndidamente alrededor de un pequeño estanque circundado por helechos y hiedras. Las ramas de uno de los magnolios se habían inclinado hacia el agua, adoptando la forma de una cascada y sus flores rosas casi rozaban la superficie en un movimiento susurrante, como si la naturaleza se abrazara a sí misma. Ehsaw se quedó contemplando en silencio aquel paraje. No sabía por qué, quizá fuera por su equilibrada delicadeza o por aquel instante de efímera belleza que no duraría más que unas pocas semanas hasta que las flores se marchitaran  y cayeran, o por el frescor del agua y del viento que lo animaban dándole vida; fuera por lo que fuese, Ehsaw deseó quedarse ahí para siempre, como si un reloj se hubiera detenido para ella, con la conciencia de quien sabe que nunca más volverá a moverse.” (M. Devidara)

El lugar que representa el cuadro no existe, pero sí existe el lugar que lo inspiró: Se trata de un rincón en el Parque de Castrelos, en la ciudad de Vigo. La primera vez que visité ese lugar estaba amaneciendo y los rayos del sol se proyectaban oblicuos sobre el magnolio y el estanque. Una rama se posaba con delicadeza sobre la superficie del agua y la luz de ese momento era irreal. He acudido a ese lugar infinidad de veces a través de los años, pero nunca he vuelto a disfrutar de la luz tan especial que había  aquel día.

La estatua en el estanque representa a Eshaw.

 

 

 

 

“Lamento”

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“Lamento”. Óleo sobre lienzo, 2015. (160 x 130 cm)

La idea de este cuadro es antigua, de hecho es una versión de un cuadro que pinté en 1998. En aquel momento la idea me encantó, también estaba satisfecha con la composición pero siempre me quedó la sensación de que el cuadro podría ser mejor.

Aunque la composición era equilibrada, las figuras están muy poco elaboradas, demasiado esbozadas. Siempre pensé que era un paso atrás el tener que repetir un cuadro y por eso he pasado los años contemplando ese cuadro, lamentándome de que podía haberlo hecho mejor.

Fue nada menos que el señor Delacroix el que me hizo darme cuenta de que ese razonamiento era una solemne tontería. Delacroix versionaba con frecuencia sus obras, de hecho tiene diversas versiones de muchos de sus cuadros. Era un perfeccionista que no le importaba repetir un tema si con ello se sentía satisfecho. ¿Por qué no hacerlo yo?

Elaborar el cuadro manteniendo la composición original resultó ser complicado porque yo quería ampliar las figuras. Mantener ese tamaño y la disposición de las figuras implicaba un lienzo de un tamaño tan grande que no cabía en mi estudio. Así que mantuve la idea principal de la obra manteniendo la figura central de la sirena y la humana.

Para esas figuras quise retratar a mis hermanas. Ellas posaron para mi en una sesión de fotos bastante divertida.

 

lamento (detalle)

lamento (detalle)

La idea del cuadro original surgió al escuchar una música de la banda sonora original de la película “Titanic”, 1997 (compuesta por James Horner). El tema en concreto es “An Ocean of Memories”. En este tema aparece un lamento, dulce y triste que me llegó al alma. Quise representar la tristeza que sentí dibujando la figura central de una sirena recogiendo en sus brazos el cuerpo sin vida de un humano. Aunque en mitología clásica se las describe como seres malignos, para mi las sirenas se lamentan de la pérdida de la vida ya que vuelve su mundo aún más lúgubre y oscuro.

 

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“Lamento”, versión de 1998.

 

 

 

Seleccionada Premio de Pintura Focus Abengoa 2013

 

El pasado año presenté la obra “La Mirada entre la Niebla” al Premio de Pintura Focus-Abengoa 2013. No gané el premio pero es un orgullo que la obra la hayan seleccionado como finalista y participará en la exposición del Premio. Hemos sido seleccionados 23 artistas de un total de 362 obras presentadas, con lo cual estoy encantada.

La Mirada entre la Niebla

“La mirada entre la niebla”. Óleo sobre lienzo. (100 x 81 cm)

La realidad que puedo ver y de la que puedo obtener una fotografía no representa para mí un aliciente para pintar. Aunque toda mi obra es figurativa me gusta transformar la realidad que veo en cómo me gustaría verla. La belleza que me rodea sirve de inspiración para crear mis cuadros. No existe el lugar exacto que describe este lienzo, pero si representa un lugar real en el que yo echaba de menos contemplar varias cosas: por un lado los lobos en libertad y por otro un manto de nieve en la dehesa que nunca conseguí ver… y la niebla, la cual es capaz de transformar cualquier lugar dándole una sensación de atemporalidad.

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Detalle

La exposición se inaugurará el 17 de Marzo de 2014, en la sede de la fundación, el Hospital de los Venerables Sacerdotes en Sevilla.

 

 

 

“Autodestrucción”

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“Autodestrucción”. Óleo sobre lienzo, 2012. (100 x 130 cm)

 

Escribir este blog me permite descubrir las historias de cuadros y sus autores. Este hecho me motiva a buscar mi propia inspiración.

Analizando la obra de pintores del pasado me he dado cuenta de algo simple que, por obvio, no identificaba. Cada artista vive y refleja su propio tiempo. Sólo en épocas concretas, como por ejemplo el Romanticismo, los motivos para las obras artísticas se desplazan a otros temas como las leyendas medievales o historias que solo suceden en libros.

Pero no siempre obtenemos inspiración de esas fuentes, quizás en momentos de nuestra vida artística si que sirven… pero  nuestro arte evoluciona como evoluciona nuestra personalidad. Nada es estático.

Hasta hace unos años miraba mi alrededor y no encontraba motivos para pintar porque era mucho mejor adentrarme en mundos fantásticos que me liberasen de lo cotidiano… las leyendas, la mitología, las novelas fantásticas… En un principio mis cuadros se basaban en seres mitológicos, después representé historias que viven en los libros, historias maravillosas que me transportaban  a otro mundo donde era más bonito estar, lo más alejado de una realidad que no me gustaba.

Aunque esas historias me siguen encantando (y seguiré pintado sobre ellas),  ahora prefiero mirar la realidad que me rodea. Aunque muchas cosas no me gusten, quiero pertenecer a mi tiempo. Expresarme a través de la pintura y mostrar a los demás lo que siento y cómo veo el mundo.

Y este cuadro es el primero. Una de las cosas que más me agobia, por la impotencia que me produce, es la destrucción de nuestro planeta. Nuestro planeta es único, no hay nada parecido en millones y millones de años luz…quizás no exista vida en todo el Universo. Cuanto más leo sobre ciencia, cuanto más sé, más me doy cuenta de lo increíble que resulta que este planeta albergue vida. Es un milagro del que no somos conscientes.

Esa ignorancia al destruir lo único que nos sostiene, y al mismo tiempo, la impotencia por no poder detener esa destrucción, es lo que quiero reflejar en este cuadro.